Un hombre muy adinerado estaba en
la edad de 70 años, recordaba con gran entusiasmo cuando en su juventud había
trabajado mucho por su familia, al servicio de
su patria y por el mismo. Se describía como un hombre bastante fuerte,
bondadoso y leal. Todo este cuadro de
virtudes le llevó en sus mejores años a seguir la vida militar, lo que ahora
representaban sus más grandes y valiosos
recuerdos, disfrutó al máximo estar en el ejército, ya que tenía vocación por
servir y proteger, le gustaba estar siempre activo y fortalecer cada vez más su
carácter y su cuerpo. Siempre se dedicó
a su profesión muy correctamente, fue un militar como pocos, disciplinado,
honesto, capaz; le gustaba respetar a las personas y de la misma manera le
agradaba ser respetado.
Cuando obtuvo el grado de General
del ejército, tomo la decisión más dura de su carrera, el optar por el retiro o
jubilación, habiendo dejado todo de sí en tan noble institución, a la cual le
había otorgado su juventud, su valentía y fuerza. Después de haber explotado su máximo potencial,
se sentía realizado, orgulloso y con la satisfacción de haber cumplido a
cabalidad con su labor.
Ahora tenía otra labor no menos
importante que la que ejercía en la vida militar, cuidar de su familia. Decidió ir a vivir a una casa de campo que
poseía con grandes hectáreas de terreno, con ganadería y caballería. En especial disfrutaba cuidar de su caballo
preferido y sentarse junto a su también envejecida esposa en el hermoso jardín
que poseía la casa, para admirar el
horizonte que se formaba en el paisaje que los rodeaba.
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